“Sacando al zorro del gallinero”: tensiones y disputas entre UATRE y las Sociedades Rurales locales por el control de ISSARA. Entre Ríos (1990-1995)

 

Karen Elizabeth Catelotti(*)

 

ARK CAICYT: http://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24690732/60u5qyyj5

 

Resumen

 

El presente artículo se propone dar cuenta de las tensiones y disputas que se suscitaron entre la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores y las Sociedades Rurales locales, en el periodo transicional comprendido entre la normalización del sindicato y la conformación de la Obra Social del Personal Rural y Estibadores de la República Argentina. Recuperando la experiencia de los primeros pasos de UATRE en la Provincia de Entre Ríos, y de manera particular su vinculación con las Sociedades Rurales, que por entonces eran sede de las bocas de expendio del Instituto de Servicios Sociales para las Actividades Rurales y Afines, obra social mixta correspondiente a los trabajadores y productores rurales. El estudio se apoya fundamentalmente en fuentes orales, documentales, así como en los registros de prensa de la época, a partir de las cuales se identificó la presencia de una relación conflictiva, en el marco de la disputa por el control de la obra social. Proceso que se expresó en un fuerte rechazo hacia el sindicato y sus representantes, la injerencia en las bocas de expendio y su política de afiliación.

 

Palabras clave: Sindicalismo rural; UATRE; Obra Social; Sociedades Rurales Locales.

 

 

 

“Getting the fox out of the henhouse”: tensions and disputes between UATRE and local Rural Societies for the control of ISSARA. Entre Ríos (1990-1995)

 

Abstract

 

This article aims to account for the tensions and disputes that arose between the Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores and the local Rural Societies, in the transitional period between the normalization of the union and the creation of the Obra Social del Personal Rural y Estibadores de la República Argentina. Recovering the experience of the first steps of UATRE in the Province of Entre Ríos, and in particular its link with the Rural Societies, which at that time were the headquarters of the outlets of the Instituto de Servicios Sociales para las Actividades Rurales y Afines, a mixed social work corresponding to rural workers and producers. The study is mainly based on oral and documentary sources, as well as on the press records of the time, from which the presence of a conflictive relationship was identified, within the framework of the dispute for the control of the social welfare fund. This process was expressed in a strong rejection of the union and its representatives, its interference in the outlets and its affiliation policy.

 

Keywords: Rural trade unionism; UATRE; Social Welfare; Local Rural Societies.


 

 

“Sacando al zorro del gallinero”: tensiones y disputas entre UATRE y las Sociedades Rurales locales por el control de ISSARA. Entre Ríos (1990-1995)

 

Introducción

 

La Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores[1] fue creada en mayo de 1988 por medio de la Resolución 426 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, teniendo como antecedente directo la Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores[2], cuyos orígenes se remontan a octubre de 1947. Desde su surgimiento, asumió la representación del conjunto de los asalariados rurales, dado que el cambio de denominación implicó el reconocimiento de la organización como sindicato de primer grado, condición que le otorgó una estructura más centralizada en comparación con los sindicatos de segundo grado -como FATRE- que agrupan a los primeros.

Su antecesora FATRE fue intervenida por la dictadura en 1976 y durante el gobierno de Raúl Alfonsín se mantuvo la Comisión Normalizadora, evitando así el regreso a la conducción del peronismo mayoritario y también el avance de los sectores clasistas[3]. Motivo por el cual la intervención menemista fue bien recibida por gran parte de los afiliados, al provenir de un gobierno peronista (Villulla, 2010), precisamente en 1989, el estado nacional renovó la intervención de la organización, en medio de un contexto de fuertes pujas y divisiones al interior de las centrales sindicales[4] y también dentro de la propia UATRE. En 1991 finalizó este proceso con la elección de Gerónimo Venegas como Secretario General, en el Congreso Normalizador que se llevó a cabo en diciembre del mismo año.

Durante la década de 1990 UATRE se consolidó como la única entidad con representación y alcance nacional en un contexto signado por el proceso de reestructuración productiva. En el sector agropecuario este proceso vino asociado a importantes cambios tecnológicos y a la modernización de los procesos de producción. Parte de la bibliografía que ha hecho aportes en este sentido coincide en definir estos procesos como “paradojales” (Lattuada y Neiman, 2005; Azcuy Ameghino, 2008), puesto que mientras el sector agropecuario duplicó la producción y el volumen de las exportaciones, la estructura social agraria sufrió un acelerado proceso de concentración capitalista e incremento de la desigualdad social. Situación que afectó principalmente a pequeños y medianos productores y a los trabajadores asalariados del sector.

A su vez, la tecnificación productiva y la desregulación laboral impulsada desde el Estado comenzó hace varias décadas (Ascolani, 2009), puesto que se originó en los setenta, se desarrolló con vaivenes en los ochenta y se generalizó en la década del noventa, durante el gobierno menemista (Quaranta, 2001; Balsa, Mateo y Ospital, 2008).

Las dos banderas fundamentales de UATRE en los primeros años, fueron la ampliación de la base social del sindicato a partir de una fuerte política de afiliación, y la disputa por la concreción de una obra social sindical. El objetivo de este artículo es analizar la particular forma en la que estos principios rectores fueron puestos en juego en la provincia de Entre Ríos. En particular abordaremos las estrategias gremiales desplegadas a tales fines y las tensiones que generaron con las Entidades del campo, en especial con las Sociedades Rurales, en el marco de un proceso de expansión territorial de la estructura organizativa del sindicato.

En este sentido cabe precisar que entendemos a las estrategias sindicales como construcciones, que implican “tanto a la experiencia gremial y reivindicativa del colectivo de trabajo, como la dinámica que adquiere la relación entre las clases en los procesos concretos vinculados a la reestructuración productiva” (Soul, 2006, p. 2). La bibliografía que ha abordado el problema refiere a la preeminencia de las estrategias sindicales ligadas al gerenciamiento de servicios sociales, la prestación de servicios como eje articulador de la promoción de la afiliación y la consolidación institucional (Ghigliani, Grigera y Schneider, 2012; Dávalos y Perelman, 2005).

Cabe mencionar, que el presente trabajo se inscribe en un proyecto más amplio que tiene por objetivo analizar las estrategias y tácticas sindicales adoptadas por la Delegación Entre Ríos de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores para hacer frente a la reestructuración productiva de los años 90 y sus consecuencias en los años posteriores.

Fundamentalmente nos apoyamos en testimonios orales[5] de los referentes a los que la conducción nacional de UATRE les asignó la tarea de “armar el sindicato en la provincia”, clave para reconstruir la trama de los primeros años de expansión sindical y ante la escasez de registros respecto a dicho período. A partir de las entrevistas realizadas a los actores, en diálogo con fuentes documentales y la prensa de la época, nos hemos propuesto reconstruir las tensiones y disputas que configuraron la relación entre los representantes de UATRE y las Sociedades Rurales locales, en el marco de esta etapa transicional, que implicó la fundación de UATRE como sindicato unificado a nivel nacional y la lucha por el control de la obra social.

El trabajo se organiza en cuatro apartados, el primero de los cuales da cuenta de las principales características de la relación UATRE-ISSARA. El segundo recupera los primeros pasos de la experiencia del sindicato en la provincia, mientras que el tercero explora en torno a los objetivos perseguidos y las estrategias puestas en juego para su consolidación en el territorio. Por último, remitimos de manera particular a la modalidad que asume el conflicto con las Sociedades Rurales locales en dicho marco.

 

Relación UATRE – ISSARA, estructura organizativa y disputas en clave histórica

 

Para lograr comprender el particular devenir del proceso entrerriano es necesario realizar algunas consideraciones respecto a la historia del Instituto de Servicios Sociales para las Actividades Rurales y Afines[6] y sobre la relevancia que cobran las obras sociales sindicales para las organizaciones de trabajadores, en un contexto particular de reestructuración productiva y de flexibilización laboral.

Para el caso entrerriano, es escasa la producción, se destacan los aportes de Jordán (2014) y Muñoz (2015) quienes indagaron sobre las prácticas gremiales de las organizaciones sindicales del complejo agroindustrial frutícola. La primera sostiene que UATRE se consolidó en los noventa, en medio de un proceso de construcción hegemónica que tuvo como característica principal la articulación entre dominio y consenso, y define su accionar sindical como limitado; en una línea similar, el segundo quien encaró el estudio de las condiciones de trabajo en la cosecha del arándano, concluyó que el accionar de la entidad se limitó a pactar anualmente la remuneración de los trabajadores con las patronales. No se registran estudios respecto de la génesis de la organización y los primeros años de su funcionamiento en la provincia, ni que abarquen integralmente el accionar de la UATRE.

A continuación, presentamos algunas líneas que nos permiten dar cuenta del entramado que delineó la disputa por el control del Instituto, y como las estrategias desplegadas por UATRE, tuvieron como objetivo fundamental el traspaso del control de la obra social a manos del sindicato.

El ISSARA se creó mediante el Decreto Ley 19.316 el 22 de octubre de 1971. Dicha norma fijaba en su artículo 3 quienes serían los destinatarios:

 

los trabajadores rurales permanentes, comprendidos en el Estatuto del Peón, los de la ley 13.020 que involucraba a los obreros cosecheros o temporeros, contratados a jornal o a destajo, y el personal del mismo Instituto y el de entidades sindicales y los de producción de la misma actividad, así como su grupo familiar primario.

 

y en su artículo siguiente admitía la adhesión al régimen de los productores rurales, los tamberos medieros y los trabajadores comprendidos en estatutos especiales de la actividad rural no amparados por otras obras sociales.

Desde la creación del Instituto, y durante casi dos décadas, su control estuvo en manos de las patronales del agro, con escasas posibilidades de los representantes gremiales de incidir en las decisiones respecto de su administración, aunque la obra social se financiaba casi por completo con los aportes que estos realizaban. Más precisamente los fondos provenían de aportes de los salarios de los trabajadores[7], de los empleadores relativos al porcentaje de las remuneraciones de los mismos trabajadores, y de las contribuciones que el ISSARA fijó a los adherentes al régimen de la Ley. Es decir, el aporte de los productores como tales no estaba preestablecido sino que era definido por el Directorio.

Recién a partir de la normalización de UATRE en 1991 se comenzó a cuestionar fuertemente esta lógica de funcionamiento y se recrudeció la disputa por ISSARA, el nuevo sindicato desarrolló un seguimiento respecto del Instituto, presentando informes sobre su estado y reclamos sobre la desprotección en la que se encontraban los trabajadores del sector.

El primero de estos escritos, que fue elaborado por los representantes gremiales designados en julio de 1991 por la UATRE para integrar el Directorio de ISSARA,[8] calificaba a la obra social como un sistema “burocrático e inútil con serias dificultades en las prestaciones médicas” (Correa, Lerena, et. Al., 2015, p. 27) además, se menciona que cuando se realizó una primera aproximación al estado de la obra social esta contaba con “unos 38 millones de dólares de deuda, un déficit mensual cercano a los dos millones de dólares, una estructura de personal sobredimensionada y una atención de salud absolutamente deficitaria” (Correa, Lerena, et. Al., 2015, p. 22). Posteriormente, en 1993, se difundió un informe por parte del Secretario Nacional, Gerónimo Venegas, donde se hizo hincapié en los significativos aportes de los trabajadores al ISSARA, quienes contribuían con un 2% de los salarios para su sostenimiento.

En medio de tensiones y debates sobre la participación gremial en la obra social, el origen de los aportes y la preeminencia de la dirección patronal, coexistieron UATRE e ISSARA hasta 1996, año en que se entrega al sindicato el control de la misma y se constituyó como obra social sindical por resolución N° 1496 de la Administración Nacional de Obras Sociales, pasando a denominarse OSPRERA.

En febrero de ese mismo año, UATRE elevó al Ministerio de Trabajo un informe que sintetizaba sus conclusiones sobre la experiencia de gobierno mixto:

 

ISSARA tuvo como conducción un directorio integrado por partes iguales, y en algunos periodos presidido por el Estado Nacional (…) pese a que la composición de los afiliados y aportantes es en un 89 por ciento de trabajadores dependientes, y en un 11 por ciento de productores rurales (Correa, Lerena, et. Al., 2015, p. 28).

 

En el mismo documento se denunciaba la utilización de la obra social en beneficio y protección de los intereses económicos de los productores.

 

Sobre las obras sociales sindicales

 

Vale referenciar que las obras sociales sindicales han sido históricamente una de las prerrogativas adquiridas durante el primer peronismo, consolidada a lo largo del tiempo y defendidas férreamente por los sindicatos ante los diversos intentos de modificación o reemplazo de la legislación que les daba sustento. Sin lugar a dudas la posibilidad de gerenciar los servicios sociales y los recursos económicos vinculados, más allá de las limitaciones porcentuales que tenían para su discrecionalidad,[9] fortaleció a los sindicatos.

La puja entre el Estado y los sindicatos por la administración de las obras sociales durante el último decenio del siglo XX, por su parte, ha sido significativa. Durante los primeros años de mandato de Carlos Menem se intentó erosionar esta tradición de control mediante la reducción de los aportes patronales y la desregulación de las mismas. Tanto es así, que Murillo (1997) sostiene que la oposición a dichas medidas fue una de las motivaciones centrales que articuló la reunificación de la por entonces fracturada CGT.

La primera huelga general suscitada en el periodo, desarrollada el 11 de noviembre de 1992, tuvo como objetivo fijar posición contra la decisión del gobierno de privar a los sindicatos de la administración de las contribuciones a obras sociales, en el marco de un proceso de desregulación concebido de manera más amplia. La fuerte resistencia a este paquete de medidas estribo fundamentalmente en la capacidad que otorgó su administración/gerenciamiento a los sindicatos para financiar otras actividades gremiales, políticas y asistenciales destinadas a los trabajadores del sector/rama de actividad (Ghigliani, Grigera y Schneider, 2012), siendo una herramienta clave para su expansión y consolidación institucional.

El papel que jugaron las obras sociales sindicales dentro de la estructura de los sindicatos ha sido un problema ampliamente debatido. Algunas interpretaciones las consideraron instrumento de legitimación de los dirigentes y fuente de poder y control que les permitió ejercer ciertas prerrogativas, incluso en el marco de conflictos internos (Ghigliani, 2009). Desde el abordaje de las ciencias políticas, por su parte, se las ha caracterizado como un mecanismo más de supervivencia organizativa en un contexto adverso de desregulación estructural, siendo una prerrogativa histórica a la que se aferraron fuertemente los sindicatos ante los embates del gobierno, más allá de la connivencia respecto de otras medidas adversas a los trabajadores (Murilo, 1997). También se las consideró una modalidad dentro del sindicalismo “de negocios” o businessunionism con intereses corporativos, caracterizado por la provisión de servicios y la priorización de los recursos institucionales por sobre la movilización, cuestión que se vinculó con las alianzas políticas circunstanciales.

Entendemos que analizar esta relación, en el caso de UATRE, implica dar cuenta inicialmente de ciertas particularidades vinculadas a las características de las actividades de base que nuclea y su reciente fundación como Unión, con estas prerrogativas a nivel nacional. En este marco, la lucha por el control del ISSARA constituyó un doble interés, adquisición de recursos y aproximación a las bases dispersas y desorganizadas en el espectro sindical. El objetivo central planteado por la dirigencia consistió en hacer de UATRE una institución capaz de hacerse cargo de su obra social. Destacamos que no se trató de una lucha en solitario, sino que numerosos sindicatos se encontraban atravesando el mismo proceso, y tomaron como modelo a los que ya venían administrando su obra social, como es el caso de la Unión Obrera Metalúrgica, la Unión Obrera de la Construcción y los textiles.[10] Teniendo en cuenta la motivación y el contexto adverso, es de destacar que la administración de Obras Sociales “facilitó enormemente los mecanismos de comunicación entre las organizaciones sindicales y sus potenciales miembros, sobre todo en aquellas actividades con escaso desarrollo del sistema de representación en los lugares de trabajo” (Perelman, 2006, p. 3). Los recursos provenientes de los aportes destinados a obras sociales eran un bien preciado, no solo como fuente de financiamiento y poder sindical, sino también como instrumento para el desarrollo de una estrategia de incentivos que promovió la afiliación. La autora plantea la existencia de una doble función de este sindicalismo de servicios que caracterizó el período: desarrollo material del sindicato y soporte para las prácticas de reclutamiento. En base a esta premisa, para el caso, trabajamos sobre la base de tres indicadores a partir de los cuales recuperamos la relevancia de la Obra Social en el marco de las estrategias gremiales desplegadas por UATRE en el periodo 1990-1995, estos son: contacto/comunicación con las bases, presencia territorial e incentivo de la afiliación. En los apartados siguientes caracterizamos las actividades desarrolladas por el sindicato y cómo impactaron en la relación con las patronales del agro, en particular las Sociedades Rurales locales.

 

Los primeros pasos hacia la consolidación de UATRE en Entre Ríos

 

A pocos años de recobrada la democracia, con la constitución de UATRE como sindicato unificado a nivel nacional se llevó adelante una estrategia de expansión y revitalización del sindicalismo rural en el interior del país. Los encargados enviados por Venegas a Entre Ríos se encontraron con una baja base de afiliación, dispersión geográfica de los trabajadores y una agenda pública dominada por los intereses de las entidades del agro. Hacia 1990 y 1991 la discusión se centró en el reclamo respecto de las cargas impositivas y el pago de peajes. El conflicto entre el Gobierno y los productores rurales se presentó a la opinión pública como una crisis agropecuaria,[11] fundada en el impacto de los factores climáticos y la ausencia de políticas públicas que acompañarán en un contexto considerado adverso para la producción.

En este escenario se creó una mesa intersectorial y se concretaron una serie de medidas de fuerza, cortes de ruta, manifestaciones y llamamientos a la desobediencia fiscal,[12] tanto locales como a nivel nacional. Una de las más destacadas fue el paro agropecuario de 48 horas decretado por CONINAGRO y la FAA en marzo de 1991.[13] Por su parte, se destaca la ausencia de referencias al sector de los trabajadores rurales, quienes no se presentaron como actores atravesados por dichos reclamos, ni planteando sus reivindicaciones sectoriales en espacios que les dieran visibilidad.

Los referentes enviados por la conducción nacional tenían el objetivo primordial de ordenar el territorio y fundar seccionales, pero el puntapié inicial fue conocer las condiciones en que se encontraba cada departamento en relación a la representación, y el funcionamiento de los mecanismos de vinculación sindicato-trabajadores subsistentes de su antecesora FATRE.

El encargado de dicha labor en Entre Ríos relató “empecé a andar, andaba (…) visitando campos, hablando con los compañeros y diciéndoles que íbamos a tener una obra social que iba a estar al alcance de ellos”.[14] La obra social se constituyó como la gran promesa de esta nueva etapa, y el mensaje que se replicó en el territorio se sintetizó en la idea del fortalecimiento de UATRE como paso necesario para acceder a una obra social propia.

Promediando 1990 los delegados provinciales de UATRE, reunidos en asamblea con sus pares del resto del país y el delegado normalizador de ISSARA, manifestaron haberse autoconvocado con la finalidad de “atender a los intereses de UATRE, el futuro accionar del sindicato, pero fundamentalmente tratar la normalización del ISSARA”.[15] La obra social fue la gran preocupación.

El escenario se presentó como complejo, según relatan los “elegidos” para llevar adelante el “peregrinar”, la única seccional plenamente constituida era Concordia donde además funcionaba la Delegación Provincial, a raíz del desarrollo de la producción frutícola. Dicha localidad, paralelamente, era la única que contaba, en la etapa previa, con un representante en FATRE,[16] mientras que el resto de la provincia se encontraba desarticulada a nivel sindical. Las localidades que tuvieron gran movilización hacia mediados del siglo XX habían sido debilitadas por el constante accionar de los gobiernos de facto, situación que se conjugó con la reducción de potenciales afiliados en la región pampeana y su relativa capacidad de presión, lo que terminó por configurar un escenario de declive de la actividad sindical en el ámbito rural (Ascolani, 2021).

Este periodo transicional es fundamental, en tanto los representantes de UATRE-ISSARA[17] se encomendaron a la tarea de lograr el establecimiento de una seccional por departamento y desplegaron una política de afiliación con el objeto de incrementar sus bases sociales. Este proceso se desarrolló durante casi 10 años, hasta que se logró cumplir el objetivo y constituir una red de seccionales que articulara el territorio.

En un primer momento se organizaron comisiones provisorias compuestas por los afiliados con mayor referencia local y luego se avanzó en su formalización mediante la legitimación de las mismas a través del desarrollo de instancias eleccionarias, pasando a denominarse Comisiones Administrativas. Estas comisiones administrativas, aunque aún no podían asumir el manejo de la obra social -dado que el conflicto por su control fue mucho más extenso- cumplían la tarea de organizar el sindicato y sostener sus actividades de manera permanente. Generalmente, este proceso fue acompañado de la apertura de un lugar físico, abierto al público y dotado del personal necesario para hacer frente a las tareas cotidianas de promoción de la afiliación, asistencia y acompañamiento a los afiliados.

Conforme se avanzó en el territorio, surgieron nuevas tensiones, con la creación de la Seccional Paraná, se trasladó la Delegación Provincial a dicha ciudad, que hasta ese momento había tenido sede en Concordia. La condición de capital provincial y la presencia de la mayoría de las sedes administrativas de los organismos de gobierno fueron los argumentos esgrimidos para el traslado. Continuaron posteriormente la creación de Seccionales en Crespo, Nogoyá, Villaguay, Federal, Feliciano, La Paz, Uruguay, Villa Elisa, y Gualeguaychu.[18] De esta manera, se fueron entretejiendo las sedes a lo largo y ancho del territorio entrerriano sobre las bases de la estructura administrativa preexistente de la obra social ISSARA.

Cabe destacar que previo a la constitución de UATRE la representación de ISSARA, además de estar integrada en partes iguales por representantes sindicales y de las entidades patronales, sus oficinas de atención al público se localizaban en las Sociedades Rurales locales o en las Cooperativas Agropecuarias con sede en las ciudades cabecera de departamento.

Las interpretaciones de dicho proceso coinciden en que “en la práctica los dueños de los campos y los gerentes de las Cooperativas Agropecuarias manejaban la obra social pagada por los peones a su antojo” (Lerena, 2014, p. 124), en este sentido Cecilio Zalazar, vicepresidente de OSPRERA mencionó que “hubo una gran pelea, ellos se resistían tenazmente a dejar la obra social”, refiriéndose a los representantes de las entidades patronales. Esta dinámica de funcionamiento estrechamente relacionada con la dirigencia de las Sociedades Rurales se replicó en casi la totalidad de las localidades, ISSARA no contaba con oficinas propias por lo que dichas instituciones se hacían cargo del trabajo administrativo de las bocas de expendio de manera discrecional, y sin un control por parte de la representación de los asalariados rurales.

Los años en que convivió el recientemente creado sindicato con ISSARA, hasta la convalidación por parte de la Justicia Federal de la transformación del Instituto en la obra social de UATRE en 1996, en la provincia de Entre Ríos se sucedieron las tensiones entre los nuevos representantes, enviados a organizar UATRE y las Entidades que hasta ese momento habían monopolizado el control de ISSARA.

 

Estrategias y accionar de UATRE durante sus primeros años en el territorio entrerriano

 

Ante una situación que se presentó desfavorable, a raíz de la baja tasa de afiliación y la reducida estructura organizativa con la que contaba el sindicato, la actividad de UATRE se concentró en realizar encuentros con los escasos trabajadores a los que pudieron acceder. Estas reuniones se llevaban a cabo en los mismos establecimientos rurales donde desempeñaban los trabajadores o en espacios cedidos por otras organizaciones a donde eran convocados. Allí se presentaban las propuestas encomendadas por el Secretariado Nacional y se instaba a la organización de comisiones locales.

El referente designado por Gerónimo Venegas al frente del “armado” local del sindicato, fue Julio Palleiro, quien inicialmente se desempeñó como inspector de ISSARA. Había comenzado a trabajar en la obra social hacia fines de la década de 1980, momento en el que fue enviado desde Buenos Aires a residir y realizar su labor en la provincia, de la que era oriundo. Tarea que encaró conjuntamente con otros dirigentes como José Araujo, de Concordia, que formaba parte de la conducción nacional.

No fue casual la elección, dado que Palleiro contaba con un recorrido previo, había formado parte de la agrupación nacional conformada por Venegas, que luego sería la base de la “Lista Verde Eva Perón”,[19] con la finalidad de combatir la intervención de FATRE, por tantos años sostenida, aún luego de recobrada la democracia. Tampoco es casual su labor como inspector de ISSARA, teniendo en cuenta la centralidad que cobró la disputa por la obra social en el primer quinquenio de la década de 1990.

El resultado del diagnóstico realizado por los referentes de UATRE en el territorio da cuenta de que la gran mayoría de las cabeceras de departamentos se encontraban acéfalas por ese entonces. La única estructura institucional de referencia para los trabajadores rurales era ISSARA, que atendía al público en las sedes de las Sociedades Rurales o Cooperativas Agrícolas como se mencionó más arriba.

La estrategia desplegada por el sindicato en estos primeros años, podríamos sintetizar, se estructuró a partir de dos ejes fuertemente vinculados entre sí; 1) la organización de pequeñas reuniones/asambleas de trabajadores, con el fin de constituir comisiones provisorias y consolidar la representación del sindicato en las localidades; 2) la aproximación a las bocas de expendio, a partir de los inspectores designados, y el desarrollo de una participación activa en ISSARA que favoreció la difusión de las actividades del sindicato y el aumento de la afiliación.

A diferencia del periodo inmediatamente anterior a la unificación del sindicato, los representantes designados en ISSARA comenzaron a tomar contacto estrecho con los encargados administrativos de las bocas de expendio. La política de afiliación tuvo sus grandes artífices en dichos trabajadores. Que dependían de las Sociedades Rurales, pero aun así se convirtieron en aliados claves de UATRE, difundieron las actividades del sindicato y realizaron fichas de afiliación en las mismas sedes donde funcionaban las oficinas de ISSARA.

Cabe interrogarse ¿cómo fue posible ese acercamiento?, en este sentido es importante recuperar el testimonio del responsable de la boca de expendio de la localidad de Federal, quien se desempeñó como empleado de la Sociedad Rural desde fines de la década de 1960 hasta 1992, quien relata que la modalidad de funcionamiento de ISSARA encubría los incumplimientos patronales en la realización de los aportes correspondientes. Situación que era desconocida por los trabajadores.

Dicha modalidad ponía a cargo de la Sociedades Rurales la autorización de las prestaciones, por lo que se exigía a los empleados administrativos que entregaran las órdenes sin solicitar el recibo de sueldo donde constaran los aportes. Recibos que en muchos casos nunca llegaban a manos de los trabajadores, o directamente no existían como tales.[20] Este tipo de accionar patronal, fue generando malestar entre los encargados de las bocas de expendio y acercándolos al sindicato, en busca de regularizar la situación de la obra social.[21]

El vínculo preexistente entre los enviados de UATRE con la obra social ISSARA, por su parte, facilitó la colaboración de los y trabajadores encargados de las bocas de expendio con el sindicato. Los dirigentes que formaron parte del proceso dan cuenta de que “fueron todos muchachos, que de una forma u otra, estaban relacionados con ISSARA y se montaron, se subieron al proyecto de la UATRE-OSPRERA”[22] e hicieron posible la expansión e institucionalización de UATRE en el territorio entrerriano.

El proceso de expansión de UATRE se puede dividir en dos momentos, sucesivos: el primero de articulación “subterránea” con los trabajadores de ISSARA, en las sedes de las propias Sociedades Rurales. El segundo, ya con sus propias seccionales plenamente constituidas y el funcionamiento de las bocas de expendio en las sedes de UATRE. Al tiempo que podemos precisar que el momento más álgido de la conflictividad se dio durante la transición, ya develada la estrategia del sindicato y expuesta la voluntad de asumir el control total de ISSARA.

 

Tensiones y conflictos con las Sociedades Rurales locales por el control de ISSARA

 

Las principales motivaciones que configuraron el conflicto pueden sintetizarse en dos puntos:

1-      La resistencia a la fuerte política de afiliación que se emprendió una vez normalizada UATRE.

2-      La disputa por el control de la obra social en general y las bocas de expendio de órdenes médicas en particular.

Ambos están entrelazados en tanto las oficinas de ISSARA eran el espacio propicio para el primer acercamiento entre UATRE y los trabajadores rurales, sindicalizados y no sindicalizados. A su vez, el deficitario funcionamiento del Instituto fue el eje articulador de la necesidad de fortalecer al sindicato de manera tal que fuera capaz de disputar su control y modificar esta situación vista como desfavorable a los trabajadores.

La relación entre los representantes de UATRE y las Sociedades Rurales se tensó cuando estos últimos pudieron percibir con cierto grado de certeza que la misma gente de ISSARA reclutaba trabajadores para afiliarlos a UATRE. Proceso que generó una marcada hostilidad que se manifestó a través del rechazo hacia el sindicato y sus representantes, la injerencia en las bocas de expendio y su política de afiliación. Llevando adelante acciones de amedrentamiento y persecución[23] con la finalidad de preservar la exclusividad en el manejo del Instituto en su dimensión práctica y cotidiana.

Dicha hostilidad fue particularmente intensa respecto a quienes habían formado parte de ISSARA y luego pasaron a integrar las filas de UATRE. Julio relató cómo se vivencio ese cambio de actitud: “mientras éramos ISSARA nosotros íbamos nos saludábamos, tomábamos whisky, tomábamos mate, pero cuando nosotros empezamos a hablar de que había que hacer un sindicato las cosas cambiaron”.[24] Lo que da cuenta de que la principal preocupación de las entidades patronales era la articulación y formalización de la presencia del sindicato en las localidades.

Tanto así que se hace referencia al accionar de las Sociedades Rurales locales, y demás entidades, como la mayor dificultad para la expansión del sindicato. De manera concreta, una vez dadas a conocer las actividades de los representantes de UATRE las Sociedades Rurales comenzaron una labor de persecución, obstaculizando el desarrollo de reuniones y asambleas que permitían a los trabajadores acercarse al sindicato. Uno de los referentes de las comisiones que recorrían la provincia relató “sufrí muchos golpes, las Sociedades Rurales me miraban como si fuera mala persona, venía a cambiar una estructura de siglos (…) trataban de echarme cuando veían el autito en el pueblo”.[25]

Los entrevistados dan cuenta de que, mediante amenazas directas, los miembros de las Sociedades Rurales intentaron prohibirles abiertamente que visitaran las localidades y que tomaran contacto con los trabajadores, mientras que los conflictos se vieron intensificados cuando se manifestó la voluntad de fundar oficinas de UATRE y trasladar las tareas administrativas de atención al público de la obra social a las mismas.

Pero la antesala de la declaración de un conflicto abierto, fue la proximidad del sindicato a los empleados de las bocas de expendio. La dinámica de afiliación mediante la colaboración de los trabajadores dependientes de las Sociedades Rurales ocasionó un número importante de despidos. Los presidentes de la Entidades llevaron adelante represalias contra estos trabajadores, tomando especiales dimensiones en los casos de Victoria y Federal. En el primer caso el Gerente de la Sociedad Rural y su secretaria colaboraron con UATRE. En relación a los hechos en particular el encargado del departamento relató: “cuando el presidente de la Comisión se enteró que (…) estaban trabajando al lado mío para armar el sindicato y haciendo las fichas de afiliación en la boca de expendio, lo echaron”.[26] Además, lo despidieron con el material documental necesario para la tarea de agremiación, por lo cual improvisaron una oficina para continuar con dichas actividades.

En Federal, el conflicto inició cuando se comenzó a solicitar los recibos firmados por los empleadores, por decisión de los trabajadores de la boca de expendio. Quien estaba a cargo de la misma relató:

 

venían a pedir para ir al médico y les exigíamos que traiga el recibo de sueldo sino no le podíamos dar. Entonces ahí empezó a aparecer si le aportaban, cuanto ganaban y se enteraban, porque la mayoría eran analfabetos, que el cheque que le daban, por decir un número, por 500 pesos era el 10 % de lo que era el sueldo.[27]

 

Estas prácticas terminaron por tensar las relaciones con la Sociedad Rural y hacia fines de 1992 fueron expulsados de las oficinas que ocupaban, no teníamos donde ir (...) estuvo en mi casa, y lo atendía mi señora en primera parte y después logramos alquilar un local, un lugar y ahí le empezamos a dar trabajo a otra gente, fue creciendo”.[28]

En el caso de Gualeguay, el conflicto no se hizo esperar. Inició ni bien las patronales tomaron conocimiento que en el marco de las asambleas de trabajadores se manifestó como objetivo, del recientemente creado sindicato, trasladar la sede de la obra social. Quienes organizaron la asamblea dan cuenta de ello, “dijimos que íbamos a traer servicios más importantes para la gente, y lo[29] íbamos a sacar de la Sociedad Rural”.[30] El marco fue un acto bastante multitudinario para el sector, asistieron unos 60 o 70 trabajadores, esto ocasionó la reacción patronal, que conjugó el rechazo a las personas de sus referentes, y el accionar activo con el fin de evitar la consolidación de la organización y el aumento de la afiliación en el departamento.

La confusión que suscitó la convivencia UATRE-ISSARA durante la etapa de transición, y los conflictos entre viejos y nuevos administradores, favoreció la aparición de acusaciones cruzadas. Uno de los episodios más destacados remite a las denuncias planteadas por los empleadores, quienes daban cuenta de que personas se presentaban en los establecimientos rurales aduciendo ser representantes del gremio o del ISSARA, solicitando contribuciones directas en concepto de cuota sindical.

Ante estos hechos UATRE publicó reiteradas aclaraciones en la prensa local, negando estar llevando adelante dicho accionar y solicitando a los productores que no accedan a este requerimiento. Lo mismo es realizado, pero en nombre de ISSARA, negando que inspectores del instituto hayan requerido el pago de aportes y contribuciones en dinero para solventar los servicios de manera directa a los productores.[31] Ambos actores resaltaron la vigencia de los depósitos bancarios habituales para los pagos e instaron a que se realicen las denuncias pertinentes. El marco de conflicto parece haber sido el escenario propicio para que terceros, ajenos a las instituciones, aprovechen las tensiones para sacar ventaja.

También se destacó la injerencia de otros actores, como las Instituciones Médicas y Asociaciones de Profesionales vinculadas a la salud que habían trabajado en estrecho contacto con las Sociedades Rurales, quienes cobraron particular relevancia en el marco de la conflictividad al negarse a prestar servicios a los afiliados de ISSARA, desconociendo las potestades de UATRE para intervenir en la administración del Instituto.

Esta situación se presentó como compleja, en tanto los registros dan cuenta del cruce de intereses propios sectoriales de la corporación médica. En referencia a sus integrantes de manera individual debido a la vinculación que existió con las Entidades del campo, incluso muchos de los médicos prestadores eran propietarios rurales y por ende formaban parte de las patronales. Por lo que asumieron un rol activo de resistencia al control sindical de la obra social, atravesados por una marcada ideología de clase que se plasmó en la mirada peyorativa hacia los trabajadores rurales.

Expresaron argumentos de esta índole en las reuniones que mantuvieron con la finalidad de discutir la reactivación de las prestaciones. Julio relató con especial malestar los dichos de un miembro de la Sociedad Rural de Gualeguaychú, médico y propietario de un establecimiento rural, quien respondió ante los reclamos por la ausencia de prestaciones a los trabajadores “yo no estudié para atender patas sucias”.[32]

La resistencia a la atención de los trabajadores adheridos a ISSARA, permite reconocer la magnitud de la puja por la obra social. Y también nos deja entrever lo limitado que era el servicio que se prestaba a los afiliados asalariados rurales dentro de la estructura de ISSARA, cuando el control estaba casi por completo en manos de las entidades patronales.

 

Consideraciones finales

 

Las condiciones de funcionamiento de ISSARA al momento de la normalización de UATRE condenaban a los representantes de los trabajadores a un papel secundario. Recuperando las palabras de Cecilio Zalazar, vicepresidente de OSPRERA, “era tener el zorro en el gallinero”. El control de la administración y las prestaciones del instituto estaba en manos de las Sociedades Rurales. Por lo que la injerencia sindical era mínima en el territorio entrerriano durante esta etapa.

El descontento con el funcionamiento que se manifestó a nivel nacional se replicó en la provincia. Dado el escaso desarrollo de las seccionales de UATRE en Entre Ríos, los primeros años estuvieron signados por el trabajo en torno a dos grandes ejes: el aumento de la afiliación y la expansión de las estructuras organizativas del sindicato de tal manera que les permitieran, paulatinamente, hacerse cargo del control de la obra social.

Estos objetivos colisionaron de manera directa con la dinámica de funcionamiento que se venía desarrollando hace varios años y que tenía como únicos encargados de la administración de ISSARA a las Sociedades Rurales locales, las cuales atendían las bocas de expendio con propio personal de su dependencia y en sus Sedes.

El involucramiento de UATRE en la obra social significó impulsó el incremento de la afiliación y posibilitó la aproximación al conjunto de los trabajadores de manera integral. La comunicación que se estableció en estos ámbitos facilitó de manera significativa el crecimiento y afianzamiento de UATRE en la provincia.

El momento en que la conflictividad llegó a su punto más álgido se situó en la etapa transicional, una vez develado el entramado de articulación “subterráneo” con los trabajadores de ISSARA y explicitada la intencionalidad de asumir el control de la obra social. Durante este período se intensificaron las acciones persecutorias, amenazas y despidos de colaboradores de UATRE. Proceso que frustró de manera definitiva la relación de coexistencia pacífica que había caracterizado la etapa anterior entre inspectores de ISSARA, representantes gremiales e integrantes de las Sociedades Rurales.

La previa identificación de ISSARA con las Sociedades Rurales, a raíz de su emplazamiento, y la centralidad que cobró para UATRE la lucha por hacerse cargo de la obra social, terminó por configurar límites difusos entre UATRE-ISSARA una vez que esta comenzó a funcionar en las sedes sindicales.

La resistencia patronal a ceder el control ejercido por años, conjuntamente con que en muchos casos la misma persona representaba a UATRE e ISSARA, crearon las condiciones para generar un contexto de confusión que incrementó las tensiones generando acusaciones cruzadas y el posicionamiento de otros actores en apoyo a los sectores, por entonces, contrapuestos.

Situación que tuvo consecuencias, como la negativa al cumplimiento de las prestaciones médicas por parte de las Asociaciones de Profesionales de la medicina, una vez que fueron despojadas las patronales del control de ISSARA, o la aparición de grupos de personas que se arrogaban la representación para cobrar aportes extraordinarios a los productores de manera directa.

Este escenario conflictivo, que fue antesala de la definitiva aparición de OSPRERA en 1996 como obra social sindical propiamente dicha, permitió la consolidación de UATRE como entidad representativa de los trabajadores rurales en la provincia. A partir de la lucha por la obra social se sistematizó una política fuerte de afiliación sindical y de expansión territorial de las sedes administrativas del sindicato que terminaron por configurar, hacia los años 2000, un mapa provincial que cuenta con la presencia de una Seccional por departamento.

 

Fuentes citadas

 

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El Paseño, La Paz, Entre Ríos. Ediciones impresas 1/01/1990 – 30/12/1990.

Entrevista 1. Dirigente UATRE, Mario: Sec. General De Departamento. Entre Ríos. 2022.

Entrevista 2. Dirigente UATRE, Julio: Ex Inspector de ISSARA y Sec. General de Departamento. Entre Ríos. 2022.

Entrevista 3. Dirigente UATRE, Julio: Ex Empleado de la Sociedad Rural de Federal y Ex Sec. General de Departamento. Entre Ríos. 2023.

 

Bibliografía

 

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Recibido: 03/11/2023

Evaluado: 29/01/2024

Versión Final: 03/04/2024

 

 



(*) Profesora en Historia (Universidad Autónoma de Entre Ríos. UADER). Doctoranda en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Entre Ríos. UNER). Becaria doctoral (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas / Instituto de Estudios Sociales). Argentina. Email: karen.catelotti@uner.edu.ar ORCID: https://orcid.org/0009-0002-3155-3129

[1] En adelante UATRE.

[2] En adelante FATRE.

[3] La FATRE históricamente se mantuvo en una posición vinculada al peronismo, predominando la misma línea en los sindicatos locales adheridos. Los principales cuestionamientos provinieron de trabajadores y activistas comunistas. Para mayores detalles ver Ascolani (2020).

[4] Ante la división de la Confederación General del Trabajo en 1989 en CGT-Azopardo –declarada opositora– y CGT-San Martín –abiertamente autoproclamada menemista–, la UATRE, por ese momento intervenida por el Estado, se alinea con esta última hasta la reunificación de la central en 1992.

[5] Más allá de las limitaciones con las que podemos pensar el abordaje de las fuentes orales para el tema en estudio, dado que se trata de testimonios de protagonistas de un proceso histórico particular e implicados en él, consideramos fundamental la creación de dicha fuente como elemento para la reconstrucción de los primeros años escasamente documentados, tanto al nivel interno de la organización como a través de la cobertura que ha dado la prensa de la época.

[6] En adelante ISSARA.

[7] Fijado por ese entonces en el 2% de su salario.

[8] Los representantes designados por UATRE en ISSARA fueron Cecilio Salazar y Roque González.

[9] Un porcentaje mínimo del 70% de los recursos generados por las obras sociales sindicales debían obligatoriamente destinarse al financiamiento de servicios de atención médica, posteriormente se incrementó dicho porcentaje por Ley Una ley al 80%.

[10] Entrevistado 2, 2022.

[11] Se presenta una cobertura casi cotidiana de dicho contexto, y las voces de las entidades rurales en El Diario de Paraná, medio con mayor tirada en la Provincia, durante los meses de enero y febrero de 1991. Esto no es casual, dado que dicho medio estuvo históricamente ligado a la familia Etchevehere, desde su fundación en 1914, una de las más importantes en lo que respecta a la producción agropecuaria en la provincia, siendo participes activos en las entidades patronales del sector en el periodo en estudio.

[12] El Diario, Paraná, 14/1/1991; 30/01/1991; 1/2/1991; 7/2/1991; 3/3/1991, solo por citar algunos ejemplos.

[13] El Diario, Paraná, 18/03/1991.

[14] Entrevistado 2, 2022.

[15] El Paseño, La Paz, 17/08/1990.

[16] El antes mencionado Antonio Araujo, quien luego ocupó un lugar preponderante al lado de Venegas.

[17] Por estos años la diferenciación entre sindicato y obra social era difusa, la obra social era el contacto más próximo con los trabajadores, al existir escasas seccionales, y al mismo tiempo era una de las banderas de UATRE, el traspaso de la obra social al sindicato.

[18] Entrevistado 1, 2022.

[19] Entrevistado 2, 2022.

[20] Entrevistado 3, 2023.

[21] Entrevistado 3, 2023.

[22] Entrevistado 1, 2022.

[23] Entrevistado 2, 2022.

[24] Entrevistado 2, 2022.

[25] Entrevistado 2, 2022.

[26] Entrevistado 3, 2023.

[27] Entrevistado 3, 2023.

[28] Entrevistado 3, 2023.

[29] Se refiere al Instituto.

[30] Entrevistado 1, 2022.

[31] El Paseño, La Paz, 06/09, 08/09/1990 y 04/10/1990.

[32] Entrevistado 2, 2022.