REVISTA DE LIBROS

 

 

 

MAURO, Diego (coordinador); Devociones marianas. Catolicismos locales y globales en la Argentina desde el siglo XIX a la actualidad. Rosario, Prohistoria, 2021, 299 páginas.

 

El coordinador de este libro Diego Mauro tiene ya una trayectoria en lo referido a la historia religiosa, o mejor dicho, del catolicismo argentino, habiendo publicado diversas obras sobre el tema. Ahora bien, este libro encara un tema de impacto ya que dentro de la iglesia católica el culto mariano ha ido evolucionando a lo largo de los años, aunque no siempre ha sido reconocido por las altas jerarquías del clero. Pero aún así, las devociones marianas han gozado de un fervor mayor por parte de lxs fieles, logrando movilizaciones significativas que lo hacen un buen objeto de investigación.

El libro se plantea como objetivo recuperar las dimensiones que tiene el culto mariano en Argentina, y para ello selecciona diversos santuarios en donde lxs fieles se congregan año a año para celebrar la fe. En este sentido, lo que enriquece esta investigación es la perspectiva local, pero atenta a lo global, que intenta recuperar las especificidades que tiene cada santuario.

Los cultos marianos además de ser fenómenos dinámicos y vitales en el mundo cuentan con la capacidad de homogeneizar y particularizar la fe, esto se debe a que si bien la Virgen María es una sola, también se hibrida según las tradiciones y las manifestaciones locales y regionales.

Los trabajos que se reúnen en este libro dan cuenta de eso, los capítulos desarrollan los inicios del culto, cómo se han relacionado con lxs diferentes actores sociales, cuál ha sido su relación con la política y los diversos gobiernos de la República Argentina. Las perspectivas de análisis y los enfoques utilizados son advertidas en la introducción, siguiendo una lógica transdisciplinaria. También se advierte la autonomía de cada capítulo, ya que cada uno se centra en una devoción diferente, aunque de ninguna manera agota la pluralidad de cultos que existen en el territorio argentino, lo que abre la posibilidad de seguir estudiando estos fenómenos.

El libro cuenta con quince capítulos que trabajan diferentes devociones marianas. Cada una con su especificidad regional, su origen diferente y una historia particular. Lxs autorxs que participan de esta compilación son Telma Chaile (Universidad Nacional de Salta), quien dedica un capítulo a la Virgen del Valle de Catamarca. María Mercedes Tenti (Universidad Nacional de Santiago del Estero) dedica un capítulo a la patrona de la aviación Nuestra Señora de Loreto, y otro a la protectora del monte La Virgen de Huachana. El caso de la Virgen de las Nieves en San Carlos de Bariloche y de la Virgen del Nahuel Huapi o de los Puelches y Poyas fue planteado por María Andrea Nicoletti (Universidad Nacional de Río Negro). La Virgen del Cerro en Salta fue trabajado por Ana Lourdes Suárez (Pontificia Universidad Católica Argentina). La Virgen de Luján, patrona de la República Argentina, fue trabajada por Roberto Di Stefano (Universidad Nacional de La Pampa) y Diego Mauro (Universidad Nacional de Rosario), quien también dedica un capítulo a la virgen de Guadalupe Santa Fe, estos autores realizaron un seguimiento de la historia de la Virgen desde su llegada a nuestro país hasta la actualidad. Otro culto mariano de gran popularidad que fue trabajado en este libro es el de la Virgen del Rosario de San Nicolás de los Arroyos en Buenos Aires, que fue abordado por Fabián Claudio Flores (Universidad Nacional de Luján). También existen a su vez cultos marianos que han excedido las fronteras regionales y que han sido trasladadas por comunidades migrantes que se asentaron en Argentina como es el caso de Iemanjá una Virgen africana que fue estudiada por Alejandro Frigerio (Pontificia Universidad Católica Argentina) o La Virgen de Copacabana que trabajaron Carlos Luciano Dawidiuk y Carolina Vogel (Universidad Nacional de Luján). En este sentido otro culto mariano trabajado es la Virgen de Urkupiña estudiada por Tomás Facundo Giop (Universidad Nacional de Luján). Completan el cuadro de los casos de esta compilación otras devociones estudiadas como la Virgen de Itatí en el Noreste argentino, trabajada por Cleopatra Barrios (Universidad Nacional del Nordeste); la Virgen Misionera de Miguel Hesayne en la provincia de Río Negro analizada por Ana Inés Barelli (Universidad Nacional de Río Negro). Finalmente, otra devoción que ha sido abordada por Ana María T. Rodríguez y Mariana Elisabet Funkner (Universidad Nacional de La Pampa) es la de María Auxiliadora.

Mas allá de los casos esta compilación de trabajos permite hacer diversos análisis entre capítulos, esto se debe a la posibilidad de realizar comparaciones. Como por ejemplo el culto a la Virgen de las Nieves y la Virgen del Nahuel Huapi que si bien se encuentran en el mismo sitio geográficamente se diferencian una de otra. O también si se toman los cultos que provienen de la época colonial pueden ser comparados con los que surgieron en el siglo XX. Es decir que a partir de la lectura se logra hacer un pantallazo de las devociones y se puede pensarlas como una multiplicidad de cultos.

No solo se pueden observar las diferencias dentro de los cultos a la Virgen, sino también las similitudes. Esto es, la necesidad que diferentes sectores han tenido a lo largo de la historia y que han encontrado su consuelo en las celebraciones y liturgias que rodean a la Virgen. En este sentido, si bien han surgido fiestas populares en torno a las devociones marianas, también han puesto en evidencia las necesidades de estos sectores que en diversos momentos han sufrido y cómo esto impactó en las celebraciones a la virgen, como es el caso de la Virgen de Guadalupe o María Auxiliadora.

Dentro de lo que se planteó antes con respecto al origen de los cultos marianos, los capítulos ilustran de qué manera se ha llegado a celebrar a las diversas Vírgenes. En el caso de Argentina, algunas han sido imágenes traídas por familias adineradas, por misiones (como fueron los jesuitas o las salesianas), por colectividades de migrantes asentados en nuestro país, o incluso por apariciones. Pero a pesar de sus orígenes tan diferentes, es interesante ver cómo lxs autorxs han estudiado la manera en que se han arraigado a las diversas regiones en las que estas devociones se consolidaron.

También es necesario plantear que en el recorrido que lxs autorxs hacen sobre los cultos marianos, no se deja de lado ciertos acontecimientos políticos y económicos que impactan en las iglesias a nivel nacional e internacional.

Este libro si bien tiene delimitadas algunas cuestiones que hacen al recorrido de cada capítulo y al estudio de cada Virgen en específico, se puede dar cuenta del trabajo realizado por cada autor/a y por ende de su particular escritura. Lo que deja en evidencia lo anteriormente descrito de qué se puede recurrir a cada capítulo sin la necesidad de leer los otros.

Por lo dicho anteriormente resulta pertinente comentar que “devociones Marianas. Catolicismos locales y globales en la Argentina desde el siglo XIX a la actualidad” parece un gran aporte como material de consulta o para un primer acercamiento a la historia del catolicismo en nuestro país. Este libro permite observar el trabajo que están realizando diversos investigadorxs sobre el lugar de la Virgen María en las devociones populares, y es por eso que ha levantado bastante curiosidad sobre el tema.

Para concluir, este libro cumple con las advertencias y con la idea-problema que plantea en la introducción del libro. La lectura del libro pareció muy interesante, ya que deja abiertas algunas preguntas que el lector puede hacer en relación a los diferentes capítulos como se planteó anteriormente. Pero también hay que tener en cuenta que el tema no está acabado por completo, por lo que todavía hay cultos que no han sido estudiados o que se pueden relacionar con los trabajados en este libro.

 

 

Carla Daniela Aguirre

Universidad Nacional de Rosario

E-mail: carlitaguirre405@hotmail.com

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4481-3797

 

 

 

 

LISSANDRELLO, Guido; A desalambrar: izquierda y cuestión agraria en la Argentina de los '70, Ediciones ryr, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021, 584 pp.

 

A desalambrar. Izquierda y cuestión agraria en la Argentina de los 70’ busca aportar al estudio sobre vinculación de las organizaciones de izquierda con el mundo rural argentino entre las décadas del 60’ y los 70’.

El trabajo de Lissandrello apunta a contribuir al análisis sobre una problemática que ha sido escasamente estudiada para la segunda mitad del Siglo XX: la relación entre la izquierda argentina y sus programas con la llamada “cuestión agraria”. Los trabajos que han abordado este punto anteriormente se han abocado a analizar principalmente a las corrientes políticas que intervinieron en la primera mitad del siglo, centrándose especialmente en tres de ellas: el anarquismo, el Partido Comunista de la Argentina (PCA) y el Partido Socialista. El trabajo de Lissandrello contribuye a reconstruir los programas agrarios de la izquierda en un escenario de fuerte conflictividad urbana y rural, sumando a nuevos actores políticos que irrumpieron en la primera mitad de la década del 60’ y de los 70’, en un momento de pronunciadas transformaciones en la estructura agraria argentina.

Las organizaciones que aborda el autor en su libro son: el PCA, Montoneros, El Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), el Partido Comunista Revolucionario (PCR), Vanguardia Comunista (VC), el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), Política Obrera (PO) y la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Entre las fuerzas políticas estudiadas, existían algunas que juzgaban que el país no había asistido a un desarrollo capitalista pleno, y que sobrevivían en su estructura económico-social resabios feudales o precapitalistas, por lo cual promulgaban una revolución burguesa, y otras que le adjudicaban a Argentina un desarrollo pleno de su capitalismo, por lo cual, el horizonte era el socialismo.

El autor se propone poner en cuestión cuáles fueron los motivos de lo que llama la “derrota” y el “naufragio” de los proyectos de transformación que propuso la izquierda argentina durante el período. En este sentido, Lissandrello sugiere tomar como eje el análisis de los programas políticos de estas organizaciones, entendidos estos como un balance o diagnóstico determinado sobre el desarrollo que ha alcanzado la estructura económico-social de un país, y las potenciales posibilidades de transformarla. La importancia que señala el autor para el estudio de los programas radica en que estos fueron la hoja de ruta que marcó la estrategia a seguir por estos partidos. En este sentido, el autor se propone examinar la totalidad de los programas que se desarrollaron en la izquierda argentina a lo largo de la periodización señalada.

La lectura de A desalambrar... presenta un análisis de estos programas, centrando el foco de atención en el abordaje que estos le dieron a la cuestión agraria y al accionar político que estas organizaciones tuvieron en el ámbito rural argentino. Lissandrello también propone reconstruir la intervención concreta de estos partidos en el campo, especialmente en cómo estos interpelaron a los dos sectores más numerosos e importantes, los “campesinos” y el proletariado rural. Para el autor, este aspecto es central, ya que Argentina es caracterizada como un país con un capitalismo de base agraria. El libro reconstruye cómo estas organizaciones actuaron en algunos sectores estratégicos en los cuales intervenían estos sujetos, como por ejemplo los sindicatos que reunían al proletariado rural, como así también las corporaciones y movimientos en donde intervenían los productores agrarios.

El recorte de la periodización no es azaroso, puesto que durante los años 60 y 70 el problema agrario se instaló como una cuestión central en la discusión política-económica, especialmente con las fuertes transformaciones producidas en el campo tras la “revolución verde”, cuyo impacto produjo relevantes cambios en la estructura social del agro argentino, con modificaciones sustanciales en los regímenes de tenencia de la tierra y grandes alteraciones en las formas de producción, especialmente ligados a un proceso de modernización de los equipos de trabajo, especialmente maquinaria, y la difusión de fertilizantes, semillas modificadas genéticamente y herbicidas, que permitieron un salto en los rindes de los cultivos.

La hipótesis central que Lissandrello ofrece al público lector parte de un diagnóstico y un balance crítico sobre el abordaje que la izquierda realizó de la estructura agraria argentina. En A desalambrar... se señala que los partidos que intervinieron en la década del 70' no tenían una caracterización real sobre la naturaleza y el estadio que atravesaba la agricultura argentina, señalando que estos se dejaron llevar por ideas “campesinistas” que colocaban a los pequeños y medianos productores como sujetos opuestos a la “oligarquía” y como potenciales aliados del proletariado. Lissandrello manifiesta que la consideración que los partidos tuvieron sobre el “campesinado” tomado como un sujeto esencial en la alianza obrero-campesina, fue motorizado por una falta de estudio sobre la realidad de la estructura del campo argentino, algo que llevo a las organizaciones a considerar la “cuestión agraria” desde una óptica ajena a la realidad que vivía el país, en la cual se consideraba al mediano y pequeño productor como “trabajador” desconociendo que en diferentes grados, estos sujetos eran explotadores de mano de obra, o sea, del proletariado rural. Esta caracterización dio lugar a que las consignas de reforma agraria y alianza obrero-campesina sean los ejes principales de agitación de gran parte de la izquierda, con contadas excepciones. Lissandrello considera que estas eran peligrosas y equivocas, en tanto apuntaba a una confluencia entre las clases explotadas y explotadoras.

El autor se vale de fuentes escritas de diverso tipo. Entre ellas se destacan las revistas teóricas de las organizaciones, sus documentos congresales, que sirven para analizar y reconstruir las estrategias políticas adoptadas por cada una de ellas. También utiliza libros de intelectuales ligados a las organizaciones, con contenido específicamente dirigido a los problemas agrario. Lissandrello toma además la prensa periódica, fuente privilegiada para reconstruir el accionar político cotidiano de los partidos en los frentes rurales. Por último, el libro toma publicaciones, boletines y volantes de frentes sindicales específicos vinculados al agro, que permiten acercarse a como las organizaciones intentaron vincularse con los sujetos rurales y desarrollar agrupaciones u organismos afines.

A desalambrar.... cuenta con 8 capítulos y un apartado en el que se presentan las conclusiones a las que arriba el autor. En el capítulo I Lissandrello presenta un cuadro general de la situación del agro argentino, tomando en cuenta las transformaciones estructurales que este sufrió durante las décadas de los 60 y los 70. En él se presenta los diagnósticos que los partidos, las corporaciones y los intelectuales ligados al estudio del agro realizaron sobre la estructura agraria.

En el capítulo II, A desalambrar... presenta una reconstrucción de las posiciones del PCA, el “estalinismo” según el autor. Ahí señala que la organización desarrollo una vasta producción teórica sobre la cuestión agraria, además de intervenir fuertemente al interior de un gran número de frentes rurales, entre ellos corporaciones agrarias, los sindicatos del proletariado rural y el movimiento liguista surgido en los inicios de la década del 70.

En el capítulo II el autor examina las posiciones dos partidos que surgieron de rupturas con el PCA y representaron al "maoísmo" como corriente político-teórica en Argentina, tomando como ejemplos la Revolución China y su base campesina, el PCR y VC. Junto al PCA, Lissandrello ubica al PCR como uno de los partidos que más seriamente estudiaron la estructura agraria Argentina.

En los capítulos IV y V, A desalambrar... analiza la intervención de las organizaciones político-militares que se desarrollaron de manera masiva durante la década del 70, centrándose en dos de ellas: El PRT-ERP, partido considerado por el autor bajo el rótulo de “guevarista”, y Montoneros, organización referenciada con la izquierda peronista. El autor reconstruye las lecturas y caracterizaciones de estas organizaciones referidas al campo, además del accionar tanto sindical como político que estas tuvieron entre los sectores rurales. En el caso del PRT-ERP la cuestión agraria era tomada como una problemática de carácter estratégico, ya que esta organización entendía que era en el campo donde se debían desarrollar los focos guerrilleros que darían lugar a un proceso revolucionario en el país. Lissandrello destaca que el PRT-ERP no se distanció de la consigna de “alianza obrero-campesina” y la “reforma agraria” que barajaban casi la totalidad de las organizaciones de izquierda de la época.

Por otro lado, Montoneros, la organización más importante de la llamada “izquierda peronista” concentró su agitación contra la “oligarquía”, asumiendo también para sí la consigna de reforma agraria. La cuestión de clase en lo que refiere al campesinado no tomo una relevancia particular para Montoneros, ya que la organización no planteo una dicotomía entre el proletariado y la burguesía, sino entre la Nación y el imperialismo. Esta concepción le permitió ocupar un lugar destacado en las Ligas Agrarias, que aglutinaron principalmente a los productores regionales pequeños y medianos que pujaban por evitar su desposesión y su proletariazación exigiendo medidas tendientes a garantizar su subsistencia.

En el capítulo VI el libro analiza las posiciones de las organizaciones ligadas al trotskismo, el PST y Política Obrera. El autor señala que estas organizaciones privilegiaron la organización del proletariado fabril y carecieron de una caracterización integral de la estructura agraria, confluyendo en algunos aspectos con las organizaciones maoístas y el estalinismo, en tanto a la necesidad de una Reforma Agraria y a la defensa de los pequeños productores arruinados por el desarrollo del capitalismo en el agro.

En el capítulo VII se aboca al estudio de las posiciones de la OCPO. Esta organización, de menor renombre y alcance político, fue según el autor la única que combatió la idea del “campesinismo”, señalando que en Argentina se había desarrollado un capitalismo pleno. Las tesis de la insuficiencia del desarrollo capitalista y la necesidad de una reforma agraria eran en la óptica de la OCPO un retroceso político y teórico. El capítulo también retoma las tesis esbozadas por Ismael Viñas, las cuales señalaban que en el campo argentino se habían difundido ampliamente las relaciones sociales capitalistas, que colocaban a un número significativo de pequeños y medianos propietarios rurales ante la necesidad de adaptarse a una cantidad de transformaciones e innovaciones tecnológicas o enfrentarse a la desposesión y a la proletarización. En este sentido, no había en Argentina resabios semi-feudales o pre-capitalistas. Este análisis daba lugar a pensar que las contradicciones de clase al interior del campo se dividían entre la burguesía y el proletariado, y no entre oligarquía y sectores rurales “empobrecidos”.

Lissandrello sostiene que a pesar de que estas organizaciones tuvieron diferentes nomenclaturas y tácticas, la cuestión agraria simplificó ese campo heterogéneo y diverso que era la izquierda en los 70. Estos partidos y movimientos habrían tomado algunos “lugares comunes” o tópicos que se repetían, como la existencia de una oligarquía parasitaria, la existencia del latifundio como traba al desarrollo, la penetración del imperialismo a través de los monopolios, el estancamiento agrario y la existencia de una capa de campesinos empobrecidos con posibilidades de ser sumados a la alianza con la clase obrera. También señala los matices, por ejemplo, entre las organizaciones trotskistas y guevaristas con el estalinismo, que no contemplaban una alianza con las burguesías nacionales ni tenían una concepción etapista de la revolución, aunque el autor sugiere que todas planteaban la existencia de tareas democrático-burguesas que culminaron en un frente común con posiciones nacionalistas.

En el campo, la traducción de esto fue la reivindicación de una Reforma Agraria como salida al estancamiento y al atraso. Partidos como el PCA, el PCR y VC consideraron al gran terrateniente y al latifundio como opresores de los pequeños arrendatarios, que imposibilitaban su capacidad de capitalizarse y de incrementar la productividad. De la existencia del latifundio y de la oligarquía, estos partidos señalaban que aún existían resabios pre-capitalistas o semifeudales, justificando así una alianza con la burguesía nacional progresista para avanzar hacia un mayor desarrollo capitalista.

Con la excepción de la OCPO y de los planteos de Ismael Viñas, el resto de las organizaciones pueden ubicarse, según el autor, en la línea de la corriente “agrarista-reformista”. Para Lissandrello, lo que representaba la Reforma Agraria y la alianza obrero-campesina según la estructura social y económica de la Argentina era una unidad entre los sectores del proletariado, la burguesía agraria y la pequeño burguesía rural empleadora de mano de obra. Por lo tanto, la mentada alianza era una propuesta de unidad entre "explotados" y "explotadores". Una de las conclusiones centrales que se desprenden de este análisis es que el proletariado rural fue relegado a un segundo plano de esta alianza, ya que era furgón de cola de las fuerzas burguesas o pequeño burguesas. La interpretación de que en el campo las clases sociales no eran burguesía y proletariado, sino oligarquía y campesinado fue, según Lissandrello, consecuencia de este análisis sesgado, basado en datos y aspectos interpretados de manera unilateral.

En este sentido, la conclusión a la que el autor arriba en A desalambrar... es fuertemente crítica con el accionar de los partidos allí analizados. Lissandrello señala que gran parte de estas organizaciones políticas capitularon programáticamente ante el reformismo, inclinándose por el entrismo o por el acercamiento –en diferentes grados- al peronismo. El problema de la “derrota” de la izquierda en los años 70’ habría radicado para el autor en el nivel “subjetivo”, o sea, en la debilidad de los programas. Estos no representaban un estudio exhaustivo sobre la realidad argentina y sobre sus principales problemas en el ámbito económico y socio-político, entre los cuales el problema agrario era un elemento central. Esta debilidad “programática” se traducía para el autor en una debilidad estratégica que no permitió a la izquierda argentina a convertirse en una potencial alternativa de transformación social.

A desalambrar... resulta un interesante trabajo sobre una temática aún poco indagada. El estudio sobre el vínculo de las organizaciones de izquierda y el mundo rural en las décadas más conflictivas que atravesó Argentina en la historia reciente tiene con este libro un punto de apoyo importante, ya que en su interior el autor ha podido sistematizar las posiciones de los principales actores sociales, políticos y sindicales que jugaron un rol durante los 60 y los 70.

 

 

Juan Cruz Mondino

Universidad Nacional de Rosario

Email: juancruzmondino@gmail.com

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9438-1574

 

 

 

 

CANDIOTI, Magdalena; Una historia de la emancipación negra. Esclavitud y abolición en Argentina. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2021, 270 páginas.

 

El año pasado, unos meses antes de la publicación del presente libro de Magdalena Candioti, el presidente argentino, Alberto Fernández, protagonizaba un resonante fallido ante el presidente español, Pedro Sánchez, al decir: “Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva pero nosotros los argentinos descendimos de los barcos, y eran barcos que venían de Europa, y así construimos nuestra sociedad”.[1]

Sin pretender analizar en particular la penosa anécdota presidencial, ésta, qué duda cabe, no dejaría de mostrarnos la vigencia de un racismo solapado o utilizando un concepto de Candioti, estaríamos ante la presencia de un síntoma reflejado en el “desconocimiento” en relación a la historia de los sectores populares en general y de la población afroargentina en particular. El producto de una “memoria social” cimentada desde el propio Estado a través de “dispositivos culturales, sociales y políticos entre los cuales el discurso historiográfico cumplió un rol clave”. Una memoria constituida sobre las bases de “una identidad nacional” en torno a “las ideas de excepcionalidad con respecto de América Latina y de predominio europeo y blanco de su población y cultura” (pp. 16).

Frente a ese mito de origen blanco y europeo que opera como un espejo deformante tanto de nuestra sociedad como de nuestro pasado, el trabajo de Magdalena Candioti, nos sitúa en la historia protagonizada por mujeres y hombres connotados por la esclavitud en el espacio rioplatense, desde los años postreros de la colonia y tras el contexto abierto con la Revolución de Mayo de 1810, develando que las particularidades subyacentes al “desconocimiento” y especialmente a los “grandes silencios” que cubrieron el “arribo forzado de miles de africanos y africanas a la región, sus experiencias y, sobre todo, sus luchas por emanciparse” resultarían atronadores (pp. 15-16).

Ante una “presencia negra” invisibilizada o a lo sumo “relegada a pintorescas anécdotas... -que hablan de esclavas vendedoras ambulantes y abnegados soldados negros- para luego ser considerada desaparecida, por muerte violenta o pacífico mestizaje” (pp.16) Candioti plantea el hecho de que el campo historiográfico “no se preguntó ni estudió con sistematicidad cómo terminó la esclavitud en el Río de la Plata, qué hicieron las personas esclavizadas para emanciparse, o cómo era la libertad imaginada por las élites y por los esclavizados”(pp.19) En este sentido, estos interrogantes trazarán el recorrido de su libro.

Exhibiendo una ejemplar lucidez expresiva que conjuga un exhaustivo trabajo de archivo y el manejo de una nutrida bibliografía sobre la cuestión; la autora emprende su investigación desde un registro de lectura que parte desde la producción historiográfica local en torno a la esclavitud, sumando “los estudios comparativos sobre la abolición en América Latina”. Además, a partir de los interrogantes planteados desde el propio libro incorpora su trabajo al más “amplio debate historiográfico atlántico” en el cual “se cruzan explicaciones alternativas de los procesos de abolición” (pp. 20).

En este sentido y advirtiendo que, en relación al espacio en el cual se conformará el actual territorio argentino, “un abordaje comprensivo de la multiplicidad de dimensiones del proceso de abolición quedaba pendiente”; Candioti, tal como si portara una cámara cinematográfica, se propone “registrar no sólo las palabras y las acciones de las élites -de los pocos largamente enfocados por la historiografía- sino también, y ampliando el angular, captar las experiencias de los muchos, de quienes vivieron en carne propia la captura, la esclavización y (a veces) la emancipación”; persiguiendo el objetivo de articular las dimensiones sociales, políticas, “culturales e intelectuales de la esclavitud y su fin” (pp. 18-19-20).

La autora asume el compromiso de comprender un proceso histórico por demás de complejo poniendo en el centro de la escena a aquellos sujetos cuyas voces fueron largamente invisibilizadas en nuestra memoria. Para poder lograrlo apela a un camino metodológico en el cual la lectura a contrapelo de las fuentes, aquella practicada más allá de las intenciones de quien las produjo, cobra un carácter medular a la hora de enfrentar materiales siempre precarios, escasos y fragmentarios en relación a los sectores populares, más aun al tratarse de los afroargentinos.

Tal puesta en escena se nutre de dos recursos metodológicos que la autora considera fundamentales: por un lado, la utilización de “los registros judiciales”, a través de los cuales es posible “reconstruir lo pensable y lo posible” en torno a las “estrategias y los imaginarios de los sectores populares y de los esclavizados en particular” cuyas “voces” a pesar de hallarse “mediadas por funcionarios, escribas o asesores letrados- aparecen allí con mayor frecuencia que en otro tipo de registro”; por otro, la autora, ante “la ausencia de testimonios voluntarios y expresos de los esclavizados y libertos” apela “a la imaginación”. Una imaginación histórica “controlada” a partir de inapelables indicios. Al seguir los pasos de un campo historiográfico representado por autores como Carlo Ginzburg, Rebecca Scott, Natalie Zemon Davis, entre otros, Magdalena Candioti expresa la necesariedad de recurrir a

 

…las huellas presentes para deducir lo ausente, a la luz de un contexto conocido de interacciones probables e imaginarios socialmente compartidos... Sin fabular, pero sí uniendo estos rastros dispersos que han sido registrados por las élites con otros fines, [procurando] reconstruir el fin de la esclavitud también desde abajo (pp. 18-19).

 

El libro se divide formalmente en 7 apartados y si bien no cuenta con un capítulo dedicado exclusivamente a la cuestión de género su análisis se halla imbricado en las reconstrucciones biográficas abordadas a lo largo del libro. En el primer capítulo la autora nos introduce en la situación de la esclavitud rioplatense en los años finales de la colonia. Indaga sobre la utilización discursiva del término esclavitud por parte de los revolucionarios de mayo de 1810. A su vez analiza la incorporación de leyes por parte de la Asamblea del Año XIII que vendrían a debilitar el sistema esclavista (prohibición del tráfico y de vientre libre) teniendo en cuenta las discusiones y posturas “en el contexto de un debate de dimensiones atlánticas”. Para luego preguntarse por la repercusión del discurso revolucionario en las actitudes y demandas de la propia población esclava rioplatense (pp. 21).

En el capítulo segundo se expone los tempranos retrocesos en torno a las leyes abolicionistas adoptadas como el “abandono del principio de <<suelo libre>>” y la institucionalización de “la figura de <<liberto>> para enmarcar el estatus de los hijos e hijas de esclavas”. A su vez, en un contexto de guerra y de cambiantes fronteras políticas y jurídicas, se analizan las consecuencias que las mismas tuvieron sobre la población esclava (pp. 21).

El tercer capítulo se centra en la implementación del “patronato de libertos” a través del estudio de litigios, “partes policiales y artículos de prensa”. Se expone cómo diferían las expectativas en relación a la ley de libertad de vientre entre la población blanca y la población negra en tiempos en los cuales en los discursos públicos abundaban los ideales de igualdad y libertad. Advirtiendo que, si los la población esclava y los afroargentinos en general depositaron en la figura del liberto una esperanza emancipadora, desde el propio Estado y desde las clases propietarias, se lo utilizó como un mecanismo de control y disciplinamiento y hasta como un “recurso” transable. A su vez, a partir de los recursos judiciales analizados en el apartado se vislumbra claramente que las libertades obtenidas por las y los esclavos “fueron conquistadas por ellos mismos y sus familias” no siendo un mero producto de la generosidad del Estado ni de “élites benévolas” (pp. 21-22).

En el cuarto capítulo, se incorpora el análisis de la manumisión como otro camino hacia la libertad de los esclavizados; cuestión que se deja entrever a partir de los conflictos “judiciales” que se llevan adelante para “hacer efectivas las leyes de abolición gradual”. Aquí la autora cuestiona la tradición historiográfica que divulgó la imagen de una “benignidad relativa de la esclavitud hispana en general y rioplatense en particular”. Demostrando a través del estudio “exhaustivo de protocolos notariales” la presencia de instancias de negociación por parte de los y las esclavizadas hasta en las propias “cartas de libertad gratuitas -<<otorgadas>> por los amos en retribución del <<amor>> y el <<servicio fiel>> de sus criados”. A su vez se destaca la presencia impuesta, al despuntar la década del 1820, de novedosos contratos “de esclavitud a plazo” surgidos tanto por la necesidad “de los amos de fijar y estabilizar la fuerza de trabajo” y la “de los esclavizados por lograr su libertad” (pp. 22-23).

En el capítulo quinto la autora aborda una de las tres vías más frecuentes y divulgadas hacia la emancipación de esclavos abiertas por la Revolución: “la participación armada y defensa de la <<Patria>>” (las otras dos las constituyeron la prohibición del tráfico y la ley de libertad de vientres) (pp.135-134). En el mismo, por un lado, se analizan las formas que revistieron el reclutamiento de pardos, morenos y esclavos poniendo énfasis en “la política de <<rescates>> de esclavos” para engrosar los ejércitos patrios (aunque casi siempre en regimientos segregados) y los “agudos conflictos entre amos y Estado por esa fuerza de trabajo”. Por otro lado, la movilización militar de esclavos es observada desde la óptica microhistórica a partir de “la biografía colectiva de un grupo de africanos y afrodescendientes” para introducirnos en las identidades comunes que forjaron desde aquellas “experiencias y luego de ellas”. Restituyendo la constitución de “solidaridades diaspóricas en las estrategias de asimilación y movilidad social” (pp. 23).

En el capítulo sexto la autora problematiza en torno a la cuestión del acceso a la ciudadanía en el caso de “africanos, afrodescendientes y libertos” en el espacio rioplatense. Lejos de abonar al amplio “consenso historiográfico” que sostiene una “temprana democratización de la participación política” impulsada por un profundo sentimiento igualitario. El abordaje enlaza las dinámicas del “proceso de racialización en el Río de la Plata” teniendo presente cómo las marcas de la esclavitud y la negritud condicionó negativamente el “acceso pleno a la ciudadanía” (pp.162-163). A su vez explora en los casos de “resistencia a la exclusión” política manifestada por parte de negros, pardos y mulatos, nacidas de “experiencias compartidas y [de] instancias de sociabilidad segregada”. Experiencias que hallaron a los regimientos de castas como un escenario habitual (pp.172).

En el capítulo séptimo se reflexiona en torno al abolicionismo “letrado y la abolición total” de la esclavitud tras la sanción de la Constitución de la Confederación Argentina el 1 de mayo de 1853 (pp.191). Ante la ausencia de debates en torno a la continuidad del régimen esclavista tras la Revolución tanto desde el ala jacobina de los intelectuales de la década del 1810 como entre los jóvenes de la Generación del 37'. Magdalena Candioti plantea que: “Un silencio ensordecedor se impuso sobre la realidad omnipresente de la esclavitud”. En este sentido, da cuenta de que, tras abrir paso al proceso de “emancipación gradual” las elites rioplatenses y sobre todo sus intelectuales “consideraron resuelta y cerrada la cuestión del fin de la esclavitud” y tras su “abolición total” ésta devino en “una reliquia”. (pp. 192)

La autora, aquí nos invita a reflexionar sobre las paradojas que produjeron éstas ausencias, estos silencios y éstos gestos de distancia social. Rastreando al exiguo grupo de abolicionistas locales como a “las formas de fundar el derecho a esclavizar que se elaboraron a lo largo de los siglos” (pp. 192).

En definitiva, a partir de la reconstrucción de biografías de mujeres y hombres connotados por la esclavitud la autora irá entretejiendo una historia de la abolición de la esclavitud en Argentina que no ocurrió ni de manera abrupta ni definitiva. La historia conceptual desarrollada en el libro sobre categorías legales como la de libertos, hilvanadas con las historias de vida de la población negra, expone: por un lado, el protagonismo de la propia población negra rioplatense en su lucha por emanciparse; por otro, los límites de una Revolución y su posterior institucionalización política, cuyas clases dirigentes se hallaban frecuentemente demasiado familiarizadas con la idea de disponer de los afrodescendientes en tanto propiedad o a lo sumo como seres fatalmente inferiores que debían ser redimidos. Cuestión que se relaciona directamente con los “silencios” en torno a la esclavitud por parte de una élite rioplatense que manifestaba un visceral rechazo ante el espíritu levantístico e insumiso de las clases populares y particularmente de la población negra.

 

 

Marcos Daniel Ristorante

Universidad Nacional de Rosario

E-mail: marcosdanielristorante@hotmail.com

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0957-0662   

 

 

 

 

 



[1] Ver: https://www.perfil.com/noticias/politica/polemica-alberto-fernandez-frase-argentinos-venimos-de-los-barcos-mexicanos-indios.phtml